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viernes, 9 de abril de 2010

Cielo amanecio de mal humor





Su resoplido resonó en la habitación casi tan fuerte como el despertador, miro con odio a aquel artefacto de tortura y con el mismo odio lo estampo contra la pared dejándolo hecho añicos. Sus pupilas marrones observaron con rencor al sol que parecía sonreírle burlonamente por la ventana de cristal, maldijo a quien invento el horario de los planteles educativos, a sus padres por a ver decidido tener otro bebé que le arruinaba sus horas de sueño y también a sus amigos por haber hecho que se fuera de fiesta y acabara con aquella resaca que la estaba matando. Con el cabello mas parecido en aquellos momentos a un nido de gallina, los ojos rojos y la cara de un zombi prácticamente arrastro su alma hacia el baño entre injurias contra cada ser vivo u objeto.

El agua tibia la despertó un poco, pero no mejoro su humor y es que el agua tibie puede ser relajante mas no milagrosa. Con el seño frusido, se sentó frente al gran tocador de su alcoba, seria un tocador ordinario de no ser porque en lugar de las adorables fotos de amigos lindos y chicos guapos, había chicos borrachos o fumando, o simplemente fuera de sus cabales y los chicos guapos fueron remplazados por sus ídolos del rock and roll que bueno… no eran precisamente príncipes azules. Aquel día estaba de muy muy pero muuyy mal humor, tomo sus lentes de contacto rojo sangre y se los coloco con rapidez, se espolvoreo la cara para luego dar el toque final con un suave lápiz labial, parecía un zombi asesino. Peino su cabello lo cual se hacia en medio segundo, no le llegaba ni a medio cuello, una pollina y un par de flequillos enmarcaban su rostro. Su cabello era tan negro como la noche y con mechones purpura, sin animo alguno eligió lo primero que encontró para ponerse… unos pantalones negros en los que cabían ella mas de tres veces, una camiseta ajustada y una sudadera negra donde nadaba su delgada silueta, se coloco la capucha y unos lentes de sol que le daban el aspecto de una mosca mal formada y salió de la casa sin siquiera desayunar ya era demasiado tarde.

-¡Granchester!-volcó los ojos al escuchar su apellido ser pronunciado con tal indignación por la profesora de química.

-¿Qué cuenta Teo?-para nadie era sorpresa la falta de respeto que le profesaba a todo ser vivo con el que tuviera que lidiar.

-Soy la Sra. Betance.

Ignorando olímpicamente la mirada asesina y los comentarios furiosos de su anciana maestra se sentó en su asiento al fondo del salón. Subió perezosamente sus piernas en la mesa, se coloco los audífonos mientras encendía su mp4, encendió un cigarrillo y soltó en humo mirando por la ventana mientras bostezaba.

-Si tanto le aburre mi clase haga el favor de salir.
-Teo no te amargues que te arrugaras mas-la miro sonriente.
-Ya que estas tan despreocupada me podrás explicar estas operaciones-la maestra la miro con malicia y rencor.
-Usted y yo sabemos que no se ni una mierda de lo que dice ahí… además jamás lo utilizare seguro y acabare vendiendo drogas o en algún bar-se en congio de hombros restándole importancia al asunto.
-Salga ahora mismo.

Se levanto fastidiada, tomo su mochila y abrazo a la maestra. Esta estaba en estado de shock no lograba comprender el extraño comportamiento pero horas después lo haría al descubrir una gigantesca goma de mascar pegada a su corta y plateada cabellera.

-¡Joder! ¡Odio esta escuela de porquería!
-¿Maldiciendo, Cielo?
-No me jodas Lizzie…
-Mala noche-Lizzie le arrebato el cigarrillo, estaban sentadas en las bancas del gimnasio. No había sido una pregunta se conocían a la perfección las dos.
-¡suéltame en banda, Lizzie!-Cielo intento arrebatarle el cigarrillo.
-Pues te aguantas, no tengo nada mejor que hacer que fastidiarte.

Si las miradas matasen Lizzie estaría muerta y enterrada, porque la mirada de Cielo no era muy amigable… eran algunos de los efectos secundarios en ella de la falta de sueño, los instintos asesinos despertaban.

-¿Por qué te sacaron de clases hoy?-Cielo se intentaba calmar con la conversación, además siempre era divertido escuchar las estupideces que hacia su mejor amiga.
-Solamente le eche acido al asiento del profesor de química y -Lizzie empezó a reír como una demente subnormal-digamos que sus pantalones y sus pantaloncillos se desintegraron en su parte trasera.

La risa de ambas retumbo en el lugar, peor de pronto Cielo recordó que se suponía que estaba de muy mal humor, de un humor de perros no podía permitirse cambiar así como así… era cuestión de orgullo y principios que nadie entendería y es que su cabeza pensaba de un modo algo singular al del resto de la humanidad. Cielo encendió otro cigarrillo mientras su amiga fumaba el que le había arrebatado, su estomago exigía a veces de rugidos feroces que le diera algo mejor para desayunar que nicotina.

-Estoy aburrida-Lizzie formo extrañas figuras con el humo.
-Estoy hambrienta.

Ambas compartieron una mirada de complicidad mientras un par de sonrisas diabólicas adornaban sus rostros. Se levantaron rápidamente.

-Bien el plan es desinflar las llantas del deportivo plateado nuevo de la directora.
-Arruinar su pintura.
-Dejarlo irreconocible.
-E ir a desayunar a la cafetería que esta a dos calles.

Rápidamente corrieron, normalmente Cielo no hubiera hecho algo como aquello. Era cierto que era una de las alumnas mas irrespetuosas y agresivas si tentabas contra su débil paciencia y delicada estabilidad mental. Y es que hace año que la cordura de Cielo tuvo una dramática muerte.. Aunque muchos sospechan que esta jamás existió, Cielo es mala gente, de lo peor pero cuando esta de mal humor es de temer…

-¡Qué creen que están haciendo!-la voz del nuevo sub director resonó a sus espaldas cuando acababan de terminar su trabajo con el auto de la directora.

-Hola Carl, pues redecoramos el auto de la directora-Lizzie se encogió de hombros, le importaba un cacahuate si la castigaba.
-Estábamos aburridas agradece que no eligiéramos tu mercedes-Cielo lo fulmino con la mirada.
-Ustedes dos y yo iremos directo a la…

Antes de que El sub director Carl Herrera terminara de dictar el castigo, Lizzie se cubrió laso oídos pues acababa de ver a Marcos y si Marcos entraba al campo de visión de Cielo digamos que laso tímpanos de todo ser vivo en un radio de 2km corría peligro de muerte.

-¡MARCOS!!-Cielo se abalanzo al joven maestro sustituto que callo al suelo atónito con la chica encima.
-Cielo preciosa me aplastas-murmuro este alzando una ceja.
-me plantaste la otra noche-le susurro ella al oído.
-Lo siento…
-Claro que lo sentirás-Cielo se levanto y piso con fuerza la entrepierna del hombre que grito de dolor-Seguro que ahora si que lo sientes mucho bastardo.

Cuando Cielo se levanta de malas solo aléjate de ella… porque puede resultar muy dolorosa su compañía.

domingo, 14 de marzo de 2010

Julliet despierta




Julliet entreabrió sus enormes ojos plateados, todo estaba en total penumbra a su alrededor pero sus ojos rápidamente se adaptaron a la oscuridad de la habitación. Un siglo durmiendo había sido demasiado tiempo, se sentó en la cama sintiendo como su larga cabellera lacia y pelirroja se caía como seda por sus delgados y pálidos hombros. Las largas cortinas evitaban que la luz de la luna se filtrara por los grandes ventanales que estaban en toda la pares del fondo, al lado de la enorme cama matrimonial dos mesillas de noche de caoba, cada una con una antigua y delicada lámpara. Alfombras exóticas por todo el suelo, cuatros de distinguidos pintores adornaban con pereza las paredes cremas de la alcoba.

Con la mirada perdida Julliet observo las pequeñas motas de polvo que flotaban delicadamente en el aire, como si danzaran ante una melodía sorda e inexistente.  Escucho pasos provenientes del pasillo, en un movimiento casi imperceptible estuvo frente a la puerta, sin reparos salió curiosa, la luz le incomodo por unos segundos peor al adaptarse se encontró con la mirada atónita de uno de sus sirvientes. Podía verse reflejada en sus pupilas marrones; su esbelta y pálida figura, su cabellera roja calendo dócilmente por sus hombros hasta sus caderas, sus labios con su marital rojo sangre, y aquella bata de dormir de tirantes, de seda negra que se adhería a sus curvas con suavidad. Desclasa avanzo hasta el joven vampiro que saliendo de su asombro se inclino ante su ama.

-Es una alegría ver que a despertado su alteza.
-¿Dónde esta Dimitri?
-En la sala de juntas, su alteza-aun con la cabeza agachada en símbolo de respeto.

Julliet asintió sonriente dirigiéndose con pasos que parecían más el caminar de una bailarina de ballet en plena presentación. Se sentía hambrienta y aun algo cansada, pero deseaba con ansias poder ver a su Dimitri después de un largo siglo durmiendo. En su ausencia lo había dejado al mando de todos los vampiros, después de todo él era la luz de sus ojos, el único ser con quien se permitía ser débil y hasta dulce. Porque Julliet Feriad  era todo menos una vampiresa dócil, su carácter era impredecible y hasta pedante, sus decisiones estaban llenas de seguridad y sin la mas mínima oportunidad a ser cambiadas. Ellas ordena los demás obedecen. A sus 20,000 años de vida sabe mantener la cabeza fría en las situaciones más peligrosas y arriesgadas. Apasionada y con un sarcasmo casi tan grande como su ego.

Con una sonrisa en los labios dejando ala vista sus blancos y filosos colmillos abrió la gran puerta del salón de reuniones, un enorme salón cuyas paredes estaban repletas de retratos de famosos vampiros, lámparas pro donde quiera, una gran chimenea encendida, el suelo cubierto por una enorme y aterciopelada alfombra beige, en e centro una enorme mesa con mas de treinta asientos en aquella ocasión solo quince estaban siendo ocupados y en la cabecera mirándola sonriente y sorprendido, su Dimitri.

-Buenas noches caballeros-aun con su seductora y sarcástica sonrisa en los labios camino con paso seguro hasta Dimitri, sentía las miradas candentes de los otros vampiros ahí presentes sobre su poco cubierto cuerpo.

-Su alteza…-todos los ahí presentes hicieron una reverencia con la cabeza para luego volver a devorarla con la mirada, después de todo los nobles no tenían porque mantener su cabeza agachada ante ella.

-La reunión ha concluido por hoy caballeros, hagan el favor de retirarse de mi presencia junto con sus penetrantes e incomodas miradas- los fulmino con su gélida mirada de plata.

Todos se levantaron susurrando disculpas y saliendo con paso firme del enrome salón. Dimitri dejo escapar una risa algo infantil, Julliet voltio a mirarlo encogiéndose de hombros.

-¿De que te ríes imbécil?

Si aquellas palabras para ella eran muestra de cariño, del más puro afecto y confianza que te dan conocer a una persona por 20,000 largos años. Porque jamás de sus labios saldrá una palabra cursi, el romanticismo era para los débiles de mentes y ella se consideraba una mujer poderosa en todos los sentidos.

-De ti claro esta, entras prácticamente desnuda y pretendes que nadie te mire-Dimitri negó con la cabeza aun con esa sonrisa en sus delgados labios.

Julliet pro el rabillo del ojo se permitió obsérvalo a sus anchas, es que jamás se permitiría admitir que le encantaba contemplarlo, sus rajos masculinos, su nariz griega, sus enormes ojos azules, ese pelo negro siempre revuelto, la anchura de su espalda, la perfección de sus músculos y lo intimidante de su estatura. Ambos estaban detenidos en el tiempo, por lo menos sus apariencias, ella en sus eternos dieciséis y el en sus eternos dieciocho… por alguna razón mientras mas puro era su linaje mas tiempo tardaban en envejecer. Ella reina, el un noble.

-¡Estoy sedienta!-exclamo ignorando el ultimo comentario de su acompañante, se sentó en la mesa balanceando sus esbeltas piernas.

Dimitri se levanto colocándose frente a ella con una cálida sonrisa, con su mano retiro su cabellera azabache de su cuello colocándolo a la di posición de Julliet.

-Bebe Juli.

Julliet cerró los ojos mientras acercaba sus colmillos al cuello de su amigo, estos crecieron de tamaño y se clavaron en la piel. Por unos minutos se vanaglorio con el delicioso sabor de aquella sangre, como hacia que su corazón latiera a un ritmo acelerado y las venas le ardieran. Se separo lentamente de él, con los labios cubiertos de sangre y lo miro profundamente perdiéndose en esas pupilas azules. Sin permiso alguno Dimitri se apodero de sus labios, saboreo su propia sangre en ellos, degusto con lentitud cada rincón de su cavidad, memorizo cada textura, se perdió con cada movimiento salvaje de sus labios, exigiendo más el uno del otro. Al separarse el uno del otro se miraron con intensidad.

-Te extrañaba Julliet.
-Lo se, era inevitable que lo hicieras-prepotentemente se encogió de hombros mientras las carcajadas de Dimitri resonaron por todo el lugar.

Julliet llevaba más de 20,000 años sintiendo un amor sin medidas por aquel vampiro por el cual seria capaz de romper las reglas y normas aunque jamás lo admitiera ante nadie jamás, ni bajo tortura siquiera.

Pero Vladimir llegaría a su vida para confundirla, seducirla y hasta enamorarla, un demonio tienes sus encantos y era algo que Julliet aprendería. Se daría cuenta que los demonios son seres pasionales, hermosos, seductores pero demasiado peligrosos y seres en lo que jamás debes confiar.

sábado, 27 de febrero de 2010

Estreno de ''Ellas''

Prologo


6 de enero del 2010.

Janet Garrett, jueza reconocida por su paciencia y habilidad en el estrado, respetada y temida pues su forma de dirigir los juicios era precisa y para los más culpables hasta aterradora. Mujer de carácter indomable y nervios de hierro, nunca nada la sorprendía pues aseguraba a ver visto todo lo que se podía ver en cuanto a criminales. Adoraba su trabajo, desaparecer la escoria de las calles era emocionante para ella, verlos sudar en su estrado, nerviosos y aprisionados era un banquete que disfrutaba lentamente. Aquella mañana su agenda se encontraba llena según su asistente, nada raro la verdad. Miraba por la ventana atreves de sus finos lentes mientras daba vuelta entre sus delgados dedos de pianista retirara por vueltas y giros de la vida, sin preocuparse por lo caliente de aquella taza de café seguía dándole vueltas meditando sobre el clima.

-Es hora de la primera pelea de la mañana, Janet.

Tomando un sorbo de su café negro, fuerte y amargo tal y como le gustaba. Cerro los ojos un instante pensando, los abrió despacio, lentamente para volverse a mirar a su asistente, Fernando trabajaba para ella desde hace mas de cuatro años ya y aunque jamás había recibido un aumento de sueldo ni vacaciones pagadas, nunca se había quejado, todo lo contrario, cada mañana, tarde u noche la trataba con la misma confianza y respeto.

-¿Con que empezamos hoy? ¿Un violador? ¿Ladrón? ¿Estafador?-enumeraba mientras se arreglaba el saco y caminaba hacia la puerta.

-En realidad no, se trata de una hacker.

Janet detuvo su mano en la perilla de bronce de la puerta de su despacho, era un lugar confortable. Grandes ventanales con una vista esplendida al parque de la ciudad, detrás de su escritorio de caoba siempre repleto de papales y muy desordenado, un gigantesco cuadro. Siempre había causado polémica los gustos de la jueza Garrett, pues tener una pintura de un hombre desnudo, recostado sensualmente mientras se mordía los labios como si estuviera teniendo un silencioso orgasmo no era algo que se viera todos los días. Pero Janet lo encontraba hechizante, ese brillo en sus pupilas azules, un brillo que solo tenía el deseo, como se mordía sus rojos labios, sus rizos azabaches cayendo sobre su frente, sus rasgos delicados pero tan varoniles, como los de un dios griego. Esa pintura era el único hombre que ella amaba.

-¿Janet?

-Interesante-murmuro ella mirando sonriente a Fernando-Sera divertido.

Fernando negó sutilmente con la cabeza mientras sonreía. A sus treinta y cuatro años jamás había conocido una mujer como Janet, parecía que disfrutaba de los problemas, era excéntrica hasta cierto punto y frívola también. Pero de que era hermosa no había duda, era una de las juezas más llamativas del sistema jurídico y había incluso rumores de que seria ascendida a la suprema corte dentro de un tiempo. Y aquel día Janet tenía el brillo en los ojos, ese brillo que solo tenia cuando estaba de buen humor… algo que no se veía muy seguido la verdad. Lo normal siempre era que Janet se enfureciera ante la ineptitud de la humanidad y arrojara libros y enciclopedias contra su pobre cabeza, Fernando creía que el era amado mucho por dios pues gracias a él nunca uno de esos pesados libros le había llegado a golpear, de lo contrario seguramente hubiera acabado en la sala de urgencias de algún hospital.

Se dirigieron hacia el tribunal, Janet se sentó con su majestuosidad de siempre, era orgullosa y vanidosa también, sabia que era hermosa a pesar de estar entrando a los cincuenta mantenía su figura de reloj de arena, su melena rojo fuego llameaba en delicadas ondas hasta sus hombros, a través de sus lentes su mirada azul de águila penetraba a todos a su alrededor sin timidez alguna. Chasqueo la lengua mientras observaba a la juzgada, alzo las cejas ligeramente sorprendida la verdad.

-Grace Garden, estas acusada de irrumpir en los archivos de la policía estatal, tu escuela, en los del FBI e incluso tuviste la desfachatez de entrar en la computadora del señor Presidente-Janet clavó su glacial mirada en la chica.

Grace la miraba con desinterés, algo intolerable la verdad, además que se le veía esa mirada de superioridad en sus pupilas azul cielo. Tenía el cabello rubio y con ligeras ondas en las puntas, aunque realmente se veía desordenado, su vestimenta era algo hippie, no parecía la clase de chica que se preocupada por gustarle a los demás o por siquiera mostrar sus mejores atributos. Y es que Grace es así, no tiene que enseñar o mostrar nada, no es un trozo de carne a la venta o en alquiler, ella es quien es y no le interesaba rebajarse al nivel de los descerebrados pedazos de materias que solo ocupaban un espacio en el mundo siendo totalmente dispensables, así consideraba ella a la humanidad completa o por lo menos el 99.98% y consideraba que igual estaba teniendo demasiadas esperanzas.

Después de un largo juicio que parecía ya desde un principio estar decidido, Janet se masajeo la frente sintiendo que aquella mocosa le provocaría un fuerte dolor de cabeza.

-¿Entonces no niega a ver entrado a todos esos archivos?-preguntaba como por enésima vez uno de los a bogados.

-Dios, ¿tiene usted un entendimiento tan lento? Creo que he dicho más de veinte veces que ¡Si! Lo hice-la chica soltó un suspiro mientras se cruzaba de brazos.

-¿Sabia usted que el castigo ante su delito seria un reformatorio? ¿Acaso por eso lo hizo? ¿Tan cansada estaba de vivir en un orfanato? ¿Era su forma desesperada de llamar la atención ante el hecho de la muerte de sus padres? ¿Sintió que así se hacia sentir ante el gobierno?

Grace volcó los ojos, y luego clavo su inexpresiva mirada en el abogado. No por nada no era una persona antisocial y su única amiga era su laptop, odiaba las preguntas, detestaba a la gente y sencillamente consideraba ridículas las ideas a las que era capaz de llegar ese abogado, que con su única neurona moribunda intentaba asustarla y hacerla llora, dando un lamentable espectáculo pero si había algo que Grace disfrutaba era invertir lo papeles y divertirse utilizando su genialidad, no por nada era una de las chicas mas listas del estado e incluso posiblemente del país.

-Se el riesgo de todo lo que hago. Mi historia familiar no es secreto para nadie en este tribunal y creo que es patético siendo usted un adulto, supuestamente y no se como profesional intentar herirme, debilitarme sacando esos ‘’fantasmas del pasado’’-con sus dedos hizo unas comillas imaginarias- ¿No será que el hecho de que su esposa lo este dejando por un chico mas o menos de mi edad lo tiene resentido? ¿Podrá ser que simplemente usted en estos momentos quiera desquitar conmigo esa furia que tiene? ¿No es eso muy poco maduro, profesional y ortodoxo?

El hombre quedo boquiabierto ante tal giro ¿De donde había sacado tales cosa aquella chiquilla malcriada? Intentaba recobrar la compostura, no dejarse intimidar.

-No se Srta. Garden de donde pudo a ver sacado tal cosa.

-Yo que usted tendría más cuidado mientras hablo por el celular, no querrá que media ciudad lo escuche gritar su vida privada.

-Srta. Garden nada de eso tiene que ver con este juicio-intervino alzando una ceja Janet.

-Ese es mi punto señoría, la vida privada de este abogado debe quedarse fuera de los tribunales pero es algo que al parecer se pasó él de largo en la universidad. Y no me sorprende. Prácticamente todos los profesionales, universitarios y estudiantes son una vergüenza. La falta de intelecto es notoria en nuestro mundo.

-Ya es hora de un veredicto-anuncio Janet esta vez bastante sorprendida, jamás había escuchado tales palabras ser pronunciadas por nadie y menod por un adolescente, era algo inimaginable-Grace Garden póngase de pie.

Grace obedeció ante la mirada de odio del abogado, sencillamente adoraría ver refundida en un reformatorio a aquella insolente.

-El jurado te encuentra culpable de todos los cargos. Por lo tanto serás enviada al reformatorio femenino ‘’Wilfertor’’ donde también recibirás terapia psicológica-resonando su pequeño martillo Janet dio por finalizado aquel extraño, muy raro juicio.




25 de febrero del 2010.


-Oye Janet-Fernando organizaba el escritorio de su jefa como cada tarde antes de irse.

-¿Dime?-murmuro la jueza acostada en el marco de uno de los ventanales con una pierna balanceándola peligrosamente fuera. Estaba agotada y agradecía no estas casada ni tener una familia, pues solo quería llegar a su departamento, beber una copa de whisky y dormirse hasta el día siguiente. No tenia una pisca de hogareña ni el amor suficiente alzo demás para ello.

-Wilfertor ha de estar muy movido en estos días ¿no cree?-Fernando estaba tan distraído en sus cavilaciones que no se dio cuenta de la montaña de libros que aun estaba en el suelo de madera que callo precipitadamente quedando sepultado debajo d todos ellos.

-Es cierto, con esas cinco Rose tendrá mucho trabajo-Janet dio una bocada a su cigarrillo mientras mencionaba a la directora del reformatorio Wilfertor. Miro indiferente como su asistente intentaba quitarse de encima todos aquellos volúmenes de leyes-Deja de jugar con mis libros Fernando.

-¡No estoy jugando!

Janet volcó los ojos mientras hacia memoria de las extrañas chicas que había conocido en aquel mes. Grace muy rara… Apple definitivamente alguien fuera de sus cávales.

-Apple Callagan no puedes fumar durante el juicio, no en mi tribunal-le riño fulminándola con la mirada mientras la chica la ignoraba olímpicamente.


-¿Por qué no?-la chica con una sonrisa retadora dio otra calada a su cigarrillo. Era pálida, de cabello lacio, algo corto y naranja como una zanahoria. Una chica algo excéntrica si se permitía decirlo.


-Esta prohibido.


-¿Por qué? ¿Quién lo decidió? ¿Y me puede asegurar que quien lo dijo no fumaba también?


La manera en que la chica refutaba todo la sacaba de sus cabales, detestaba a la gente así pero esta sobrepasaba los límites de la cordura también. Janet se bajo del estrado mientras caminaba hacia Apple y le arrebataba el cigarrillo pasándoselo a uno de los guardias mientras miraba molesta a la chica que se limito uncialmente a sonreírle con altanería.


-¿Por qué quemo la casa de sus vecinos Srta. Callagan?-pregunto un viejo abogado después de que Janet se hubo sentado de nuevo en su sillón enfrente del estrado.


-Mataron a mi perro-Apple frunció el seño enfadada, nadie parecía entender que Rockie había sido su mejor amigo, el único real que había tenido y que su odioso y amargado vecino lo había atropellado y no pro accidente.


-Fue un accidente Srta. Callagan ¿en cambio sabe usted que con su historial esto la mandara directo a un reformatorio?


-Se que ustedes seguirás esas estúpidas y absurdas reglas, se que mi perro fue asesinado por un amargado que no ha tenido sexo en años y se que diga lo que diga harán lo que les la gana así que sencillamente hagan lo que quieran. Lo que hice fue cuestión de justicia.

Janet soltó el humo de su cigarrillo formando aros mirando hacia el parque, no sabía de donde habían salido chicas tan raras y descarriadas pero lo extraño era que dentro de sus locuras decían cosas con lógica. ¿Seria que ella también estaría volviéndose loca? ¿Quién no lo esta en este mundo? Cada día, cada hora miles de personas mueren, sufren, lloran y nacen… es un caos total el orden que han tomado las cosas y es normal que la juventud de hoy este haciendo sus propios caminaos por senderos que terminaran por hacerlos sufrir. Parecía que aquello era lo correcto, vivir, sentir y sufrir… la vida estaba llena de sufrimiento escogieras el camino que escogieras no te librarías de lo que el mundo te tenía preparado. ¿Cómo le iría a Camelon en este mundo? Porque aunque la chica quisiese ocultarlo era demasiado susceptible hasta cierto punto y muy fuerte hasta orgullosa para admitir que necesita ayuda.

-Les robaste a tus padres Camelon, asaltaste una tienda con ese grupo de pandilleros. Todo eso tiene un precio a pagar.


-Necesitaba el dinero…


-Para drogarte, para beber. Para hundirte más.


La chica se había mordido el labio testarudo mirando al joven abogado que pretendía mandarla a un reformatorio por ratera. Su piel sumamente pálida casi como la tez que tendría un vampiro si existente, ojos avellana suspicaces, el pelo rojo fuego y el carácter como dice el dicho “mas terca que una mula”. Se cruzo de piernas, llevaba una minifalda negra que rebelaba sus delgadas y esbeltas piernas.


-¿Qué sabe usted realmente? ¿Cree que porque tiene un titulo que lo respalda es mejor que yo?-se acerco al rostro del abogado, seductora mordiéndose el labio de forma provocadora-déjeme decirle algo, usted no mas que un idiota-Sonrió satisfecha-Y me haría un gran favor si dejara de mirar mi escote, aunque se que es una muy buena vista.


El joven abogado se había sonrojado ante aquello, tragando en seco ante la mirada sorprendida del jurado, la burlona de Camelon y la estricta y penetrante mirada de la jueza Garrett. La chica no tenía vergüenza alguna, era una víbora.

-Por fin-Fernando se acerco cojeando hacia su jefa que seguía mirando el vacio mientras fumaba, en aquellas ocasiones se veía hechizante hasta mística.

-¿Terminaste?-Janet lo miro haciéndolo sonrojar pues lo hacia cachado mirándola de una forma no muy ética.

-Si…-aparto la mirada avergonzado.

Janet se levanto del marco y camino descalza sobre la alfombra beige que cubría todo el suelo del despacho, pareces de madera caoba, en el techo lámparas algo futuristicas, una mezcla de estilos que parecían no encajar pero que si lo hacían a la misma vez… el lugar era como la misma Janet. Esta miro el estante que estaba justo en la pared de enfrente a su escritorio, libros y libros de leyes, de filosofía, de cómo vivir tu vida ¿Pero acaso la vida sigue estándares? Janes se sentó en uno de los cómodos sillones negros que había para los invitados enfrente de su escritorio, se colocaba perezosamente las zapatillas de tacón de aguja. Su mirada seguía clavada en el estante, sabía que Fernando la esperaba, ambos Vivian en el mismo edificio y solían irse juntos mas desde que el auto de Janet estaba en reparación y tenían que compartir transporte. Su mente seguía rondando en aquellas cinco chicas… ahora mismo en una de ellas en especial: Tania ¿acaso su vida había seguido las leyes? Ni siquiera quería revivir el momento del juicio… había sido hasta doloroso escucharla, ver como aquel insensible energúmeno de abogado lograba que ella dijera su pasado… Sus labios le temblaron al recordarla, era una chica muy guapa que pudo a ver tenido un mejor destino ¿Acaso ella lo había elegido todo para remediar karma de vidas pasadas? ¿Acaso simplemente le había tocado? ¿solo había sido una victima de la suerte y el azar? Podía recordar perfectamente su rostro, su tez clara, sus ojos negros delineados del mismo color su larga melena azabache, su rudo y salvaje carácter.

-¡¿Quiere verme llorar idiota?! ¡Pues métase esto en su cabezota! ¡no lloro por nada perro!-Se había levantado furiosa de su asiento.


-Las preguntas no han acabado Srta.- respondió inalterable el nuevo abogado.


-¿Sabe que?-pregunto con rabia Tania, realmente odiaba a aquel imbécil-Puede meterse sus preguntas por donde mejor le parezca.


-No me ofenden sus palabras, no se puede esperar más de una chica de barrio sin educación y pandillera. Seguramente toda tu familia es igual que tu.


Esa era la gota que reventaba el vaso (si que lo hacia estallar en pedacitos) se abalanzo contra aquel idiota encestándole tremendo puñetazo, los guardias la sujetaron pero estos también se llevaron sus buenos golpes. Era Tania después de todo, líder de una de las pandillas más peligrosas, hermana menor de un conocido pandillero que había causado temor en todo el estado. Lo llevaba en la sangre según muchos estúpidos que no sabían ni mierda de su vida, que no conocían nada de su pasado ¿Acaso creían que ella y su hermano habían querido ser lo que eran? No sabían nada de su familia ni de ella.


-¡No vuelvas a hablar de mi familia! ¡Si algo de ellos vuelve a salir de tu podrida boca juro que te reviento!-forcejeaba como toda una luchadora entre los brazos de mas de cinco guardias.

-Es hora de irnos Janet-Fernando ya estaba listo, esperándola. Mirándola con preocupación desde la puerta, ella no solía ser tan pensativa.

-Estoy lista-se levanto tomando su grueso abrigo rojo, esquivó la mirada inquisitiva de su asistente mientras abandonaba la oficina y esperaba que el cerrase la puerta con llave.

Caminaron en silencio hacia el estacionamiento, mientras la mente de la jueza Garrett seguía girando entorno a los misterios de la vida. ¿Para que vivimos? ¿Vale la pena realmente existir? ¿Somos el títere de algún ser superior? ¿Cuándo pasábamos la línea de vivir a existir? Izzy, el nombre llego solo a su mente. Sus ojos marrón chocolate delineados, su cabello corto negro con mechones pintados de castaño, su forma de verla vida. Simplemente no le importaba nada.

-Las pruebas indican que intentase matar a tu padre.


-¿Y?-miro fríamente a la abogada.


-¿Admites tu crimen?


-¿Quieres encerrarme? ¿Eso te dará satisfacción? Si así es adelante, no me importa lo que decidan, la vida ya es una mierda de por si, no creo que nada pueda empeorar la falta de control que tenemos sobre ella desde que nacimos.

-¿Crees que ellas cinco puedan ser amigas?- Janet lo pregunto de pronto mientras Fernando ponía el BMW en marcha.

-Son muy diferentes, no lo se-medito mientras sacaba el auto del estacionamiento.

-Se complementan, ¿no crees?

-Son solo son cinco chicas problemáticas Janet, no se porque les prestas tanta atención.

-Porque creo que tienen cada una historia que contar-Janet suspiro mirando por la ventanilla den auto, veía como todo mundo iba rápido, todos tenían algo que hacer siempre. ¿Asa debían de ser las cosas no? Un constante ciclo.

-Ahora están en Wilferton, son responsabilidad de Rose y ella hará lo mejor para ellas.

-¿Qué es lo mejor para quien?-Janet lo miro a los ojos y Fernando nos upo como responder aquello solo siguió conduciendo en silencio.

martes, 9 de febrero de 2010

¿Que somos tu y yo?



¿Alguna vez has pensado que estas en la situación mas ridícula del mundo? ¿Qué tal vez fuiste transportado a un universo paralelo? ¿Qué era imposible estar pasando por aquello? Pues eso me ocurrió, era totalmente impensable que ¡YO! ¡Después de tener toda mi vida planeada rigurosamente sin un mínimo de margen de error se me echara todo a perder! ¿Por qué? Sencillo todo se lo debo a un hombre… un solo ser en este mundo con un nombre tan extravagante como el: Zack Intriago

Peligroso. Eso era estar cerca de el, era una palabra que definía a la perfección cuanto te arriesgabas al estar frente a su poderosa mirada y a pocos centímetros de su perfecto cuerpo.

Atrevido. Me ponía la piel de gallina el como me tocaba ¿Qué se creía? No tenía vergüenza ni pudor en que lo vieran prácticamente sobre mi ¿molesta? Para nada, cuando hace eso pierdo el orgullo y la dignidad.

Romántico. Es algo que debes de borrar de tu vocabulario cuando estas con el, aquello no existe… Solo el placer y la locura, el desenfreno y lo prohibido, todo entrelazado con fuego, todo ardiendo entre nuestros cuerpos.

Perdición. Eso era para mi, mi dulce y mas segura perdición, algo de lo cual no era capaz de salir, un circulo vicioso de puro gozo, de locura sin fin.

Adicción. Algo de lo cual no quiero renunciar, sencillamente sin el no concibo mi vida, esta es una nada sana obsesión la que tengo por el, es que el es mi marca de mariguana personal.

-¿En que piensas?-tu mano traviesa se deslizo por mi cuerpo desnudo mientras descansaba a tu lado después de una noche de placer desenfrenado.
-¿Qué somos tu y yo Zack?-lo mire a los ojos, ese par de fríos ojos azules que podían volverse el fuego mismo.
-Nada-respondiste mientras te levantabas y empezabas a vestirte, jamás dormías a mi lado, jamás decías una palabra de cariño, en cambio yo soltaba todos lo te amo en silencio, en mis adentros donde no podías escucharlos.

Dolor. El amarte y saberte lejos de mi era la espada que atravesaba mi corazón cada noche cuando te marchabas así, como si yo no fuera mas que una de tus prostitutas.. Una muy barata, pues nada te exigía, nada te pedía… solo quería sentirte junto a mi, tu piel contra mi piel, tus labios sobre los míos, tu respiración acelerada acompañando la mía, mi nombre saliendo entre gemidos de tu labios. Era todo lo que tenía y con eso me debía conformar.


Mire el calendario por onceava vez aquel día, era mi cumpleaños y desde hace mas de dos meses que no te veía, que no te sentía. Suspire sin ánimos de hacer nada, quería desaparecer, no ser nada ni nadie.

-¿Escuchaste la nueva noticia Sara?-Levante la vista de la mesa que limpiaba en aquel café, sin ánimos me encojo de hombros.
-No se de que me hablas Rose…
-¡Zack Intriago se casa! ¡Se casa! parece que fue conquistado, no dice con quien, solo dice: Zack Intriago el mas codiciado soltero nos ha confesado que esta enamorado y que este 14 de febrero día de San Valentín planea casarse con la chica que robo su corazón..-mi compañera de trabajo leía emocionada la revista de modas y farándula sin percatarse de nada mas.

Destrozado. Al igual que los vasos que en ese momento empezaba a poner en su sitio  que con suavidad se escurrieron de entre mis manos y se rompieron en miles de pedazos imposibles de reparar se rompió mi corazón, mi alma… mi ser mismo con aquellas palabras. ¿Casarse?, por eso no habías vuelto, estabas enamorado, por eso me habías olvidado había otra a tu lado cada noche, las lagrimas querían salir, querían simplemente  expresar al mundo lo vacía y rota que estaba. Escapar, solo pensaba en eso mientras salía rápidamente del café, solo quería huir, alejarme de todos y de todo, arrancarme el dolor del alma.

 Me refugie por días en aquella casa en ruinas donde había crecido, había adelgazado, me volvía nada. Abrí mi celular y busque la fecha 14 de febrero… Debías de estar arreglándote para tu boda. Feliz San Valentín para mi.

-¿Hola? ¿Sara estas aquí?-Mi corazón se detuvo al escuchar esa voz, no podía ser. Corrí hacia la puerta donde estaba el parado, apoyado sensualmente en el marco de esta fumando un cigarrillo; vestido tan impecable como siempre, su pálido rostro de piel perfecta, sus ojos azules brillantes mirándome fijamente, su impecable ropa… su cabellera negra y lacia.. Todo el era tan dolorosamente perfecto. -Sara-sonreíste ¿aliviado? Al verme.

Incredulidad. Debía de estar delirando ya por tantos días sin comer casi nada, tal vez solo había enloquecido y mi obsesión por el era tan enfermiza que lo veía. El no estaba ahí, era imposible.. Era el día de su boda. Me acerque y alargue un brazo para pellizcarlo.

-¡Auch! ¿Qué crees que haces Sara?-me miraste confundido.
-En verdad estas aquí-.susurre con una inocente e infantil sonrisa.
-No como crees-comentaste con tu peculiar sarcasmo-soy un holograma, estuviste desaparecida hasta el 2050 y ya podemos comunicarnos de esta forma-pusiste los ojos en blanco con aquella burlona sonrisa tuya que me enloquecía.
-¿Qué haces aquí? Deberías estar en tu boda.
-Pues en un principio si estoy aquí es por ti boba.
-¿por mi?
-Si, Sara por ti-comentaste como si fuera la cosa mas obvia del mundo y yo el ser mas retrasado que existía-no puedo estar en mi boda si mi futura esposa ni siquiera esta arreglada-me miro con desaprobación, lo mire confundida no lograba asimilar aquello-ufff ¿te golpeaste en la cabeza o algo? Porque jamás habías sido de un aprendizaje tan lento…
-Es que no entiendo Zack.
-A ver si te explico-Tiraste el cigarrillo al suelo y lo pisaste mientras ponías las manos en tus bolsillos y me mirabas directamente a los ojos-dure dos largos meses pensando en la pregunta que me hiciste aquella noche, al final decidí que quería que fuéramos así que fui a buscarte el día de tu cumpleaños, para darte tu obsequio y preguntarte algo que ya tenia dado por hecho-se acerco a mi mirándome con dulzura-pero no estabas, te busque por todos lados, no deje en paz a la agencia de detectives,  hasta que por fin te encontré en esta agujero que supuestamente es una ciudad.

Sonriente, sintiendo que todo cobraba un sentido imposible, increíble, inaudito e impensable, lo mire con altanería.

-¿y mi regalo? Por que lo trajiste ¿no?

Sonreíste y acariciaste mi rostro con una ternura tan deliciosa, tan sorpresiva que lograba acelerar mi corazón. Tus labios rozaron los míos con suavidad hasta diría que con amor.

-¿quieres casarte conmigo Sara Martin?-me extendiste una pequeña cajita de terciopelo negra y al abrirla mis ojos se iluminaron al ver el precioso anillo de diamantes.
-¡SI!..Digo.. Claro…-me sonroje mientras reías y me colocabas el anillo en mi delgado dedo.

Sin orgullo alguno te abrase con fuerza mientras me adueñaba de esos labios tan adictivos que tenias, los saboree con lentitud, pronto esos labios serian de mi propiedad, me pertenecerían pro derecho y podría degustarlos a mi gusto; me separaste dulcemente mientras hacia un puchero.

-Nuestra boda nos espera-me mordiste el lóbulo de la oreja causando que mi cuerpo sintiera una oleada de placer y deseo-prometo después satisfacer todos tus deseos y caprichos durante y después de la luna de miel-susurraste seductoramente en  mi oído haciendo que mi corazón se detuviera y un notable sonrojo apareciera en mi cara, parecía de seguro señal de trafico en ALTO, peor no me importaba que jamás superara el hecho de sonrojarme ante ti.. porque en aquel momento yo era feliz.

Tomaste mi manos y me guiaste hasta tu caro mercedes, mas que caminar yo flotaba entre nubes.. Parecía una historia de telenovelas la chica del café con el gran empresario… que locura y que irreal era todo… Siempre eme había burlado de esas cosas, mi plan de vida había cambiado pero como dicen ‘’cada cambio es para mejor’’ y yo no podría pedir algo que mejor que esto.

-Zack..-lo mire a los ojos, el debía responderme algo antes de que subiera a su coche.
-¿ocurre algo?
-¿Qué somos tu y yo?-Sonreíste con prepotencia mientras me abrazabas por la cintura y me dabas un beso en el cuello que me hizo estremecer.

-Somos amigos-otro beso mas arriba cerca de mi oreja-Somos amantes-una mordida suave en  mi oreja-somos un par de locos- te volviste le dueño y señor de mis labios, tu lengua como serpiente traviesa se adentro y hasta que nuestro pulmones hicieron huelga de aire no te separaste, con tu respiración acelerada igual que la mía y una dulzura que no me cansaría de ver en tus ojos dijiste las palabras mágicas-Somos un par de enamorados.
-Te amo Zack-murmure
-Lo se-respondiste con prepotencia mientras guiabas el carro hacia una boda, nuestra boda-Yo también te amo Sara.
Sabia que no éramos perfectos, sabia que no seria un camino de rosas si no también lleno de espinas pero si estaba a tu lado, si mantenías ut mano sobre la mía seria capaz de soportar todo por ti porque aunque no tenga una razone exacta, aunque no pueda definirlo: TE AMO y aunque se que soy imperfecta se que tu también me amas…  ¿es una locura que nos amemos? Pues que así sea. Pensé mientras arrojaba e ramo y los flash de las cámaras me cegaban, peor no necesitaba ver para encontrar el camino a tus labios…


sábado, 30 de enero de 2010

Hasta la eternidad


         Sabía que era una total locura mientras corría en su búsqueda, sabia que no debía arruinar este momento… SU momento, pero era tan sencillo y egoísta la cuestión: la amaba. Quería que estuviera única y exclusivamente para mi como lo estuvo los ultimo cuatro años, pero como se suponía que iba a saber que ella me amaba, nunca dijo nada… nunca insinuó siquiera algo sobre sus sentimientos hacia mi. Fui un imbécil lo se, ella se desvivía por mi bienestar, me aceptaba, me encubrió por años, evitando así que todos se enteraran de mi secreto… era gay o eso había sido hasta el momento en que termine envuelto en aquella silenciosa trampa  que era el destino.

         Una sonrisa sarcástica llega a mi mientras estoy  llegando a la iglesia, todo había empezado de tal manera, de tal forma… un trato, un simple y desinteresado trato nos había unido, había entrelazado nuestras vidas formando el mas fuerte lazo de amistad y a lo oculto, en las sombras las cadenas mas dolorosas del amor. Yo solo seria su primer beso, solo le quitaría el peso de cargar con esos hermosos, rojos y suaves labios vírgenes y ella… ella solo seria el telón que cubriría mi vergüenza, mis preferencias, mis debilidades pero termino siendo mas que eso.. era mas que mi telón, ella era mi escenario completo, sin ella yo sencillamente no era nada.

         Abrí fuertemente la puerta de aquella enrome catedral mientras escuchaba aquellas palabras saliendo de entre los labios de aquel anciano sacerdote.

-Aceptas amarlo, respetarlo, cuidarlo en la riqueza como en la pobreza, en la salud como en la enfermedad hasta que la muerte los separe.

         Vi como tus labios temblaron al verme entrar, esos labios que yo había degustado, esos labios a los cuales yo había entrenado en el sabio ejercicio del besar; estabas a punto de responder… sabía que debía gritar lo que sentía, parar aquella estupidez, tomarte entre mis brazos y llevarte lejos muy lejos de ahí… pero me quede pasmado al verte ahí, vestida como un verdadero ángel con aquel vestido. Justo cuando entreabriste los labios para decir algo me vi transportado por unos segundos a hace cuatro año atrás.. vi como empezó toda esta locura.

-Donna-murmure acercándome a ti con los ojos llenos de lagrimas, miraste al novio que esperaba impaciente un SI.

         Dile la verdad, dile que me amas a mi, que a quien deseas por las noches es a mi, que con quien quieres pasar toda la eternidad es conmigo pues solo conmigo dirías un sincero para siempre… dile que en tu vientre crece un hijo mío.. ¡díselo!

Pero no dije nada de aquello ni tu tampoco solo me diste la espalda y miraste al sacerdote decidida a seguir con aquel engaño, el me sonrió prepotente y alzado, solo te veía como el trofeo que me había arrebatado, peor el nos e daba cuenta que para mi eras mas que eso, mucho mas eras mi vida entera sin ti.. Simplemente no valía la pena seguir viviendo.

-Donna-dije mas alto y todos esperaban mis palabras, te dístela vuelta y me miraste con esas pupilas de plata que tienes, esas pupilas que son capaces de detener mi corazón, de hacerme estremecer de pasión-Te amo.

-Idiota-susurraste mientras el ramo de novia se deslizaba de entre tus dedos y las lagrimas de escapaban velozmente rodando por tus mejillas, arruinando tu maquillaje perfecto, pero para mi seguías siendo perfecta.

-Te amo Donna de Leon con toda mi alma, es mas tu eres mi alma mi querida Don..

         El novio me miro furioso, tomándome fuertemente de la camisa hizo el ademan para sacarme, su rostro era el de un león a punto de enfrentarse a duelo con un invasor.

-¡Suéltalo Damián!

         Ambos volteamos hacia ti, respiraste profundo, me deleite por un segundo en tu hermoso ser, ojos de plata, labios cual rojo carmesí, piel tan pálida como una hoja de papel… el cabello corto y negro azabache.. tan hermosa eres mi ángel.

-No-miro al sacerdote- no acepto a este hombre… pero-me miro-si me preguntase por aquel idiota, si diría sin vacilar que lo acepto pro toda esta y las siguientes eternidades.

         Mi corazón se encogió al ver como me dedicabas aquella infantil sonrisa, el agarre de tu ex se volvió mas débil, de un solo movimiento lo aparte de mi y corrí a abrazarte, no me importaban los murmullos, las quejas, la sorpresa de los espectadores.. Mientras tu estés aquí conmigo no me importa el mundo.

-Te amo Derek-susurraste mientras te calaba besándote con pasión, con deseo, enseñándole al mundo que tu eres tan mía como yo tuyo… nos pertenecíamos el uno al otro por toda la eternidad.


martes, 12 de enero de 2010

La historia que nunca paso

Iba caminando rapidamente por las oscuras calles de la ciudad, estaba por caer una fuerte lluvia y apenas me quedaba dinero para el bus pues habia desfilfarrado el dinero de ese mes en las tiendas y ofertas. ''Rayos'' pense al sentir como mi cuerpo se dirigia al suelo por un mal paso en el resvaloso asfalto... me prepare para sentir el suelo peor un fuerte brazo me sostuvo y al volverme me encontre con sus profundos ojos marrones, me quede sin aire, mi corazon se detuvo... ¿quien era el?

-Gra...gracias-logre articular sonrojada.

-Ten mas ciudado-dijo con ese tono de voz tan serio... tan msiterioso.

Mire al suelo buscando algo mas que decir y vi que las bolsas de msi compras de aquel dia estaban tiradas en el suelo al iugla que un violin. El reccorjio las cosas y me las paos quedadose con el violin, su violin.

-Esta anocheciendo deberias irte a tu casa-me aconsejo mirandome directo a los ojos.

Lo mire deiscretamente, camisa negra, jeans oscuros y jafas de alguacil muy oscuras, tenia el estilo de un rockero exepto pro el violin que delataba su lado sensible.

-Adios.murmuro mientras subia a un coche y cuando me di cuenta grite con todas mis fuerzas.

-!¿como te llamas?!

Asomo su cara, su rotros sensual, tierno y misterioso por la ventanilla y me sonrio.

-!julio!

vi como el automovil se alejo a toda marcha y me quede sumerjida en ese nombre... ''julio'' susurre amsi adentros derritiendome, no era de las chicas romanticas pero el tenia algo qu eno lograba comprender...

-¿va a subir señorita?-pregunto un joven que me miraba desde la puerta del bus.

-He?... ha! si si...-subi rapidamente sintiendome ridicula.

Mire el cielo nublado y solo pude pensar en una unica cosa... ¿nos volveriamos a ver?...julio...

Dias trans dias vacios, sin sentido, mascaras, apariencias... nopodia ser yo misma con nadie, pero aun asi tenai esperanza de ver cambiar mi vida... mientras caminaba por las calles de la cuidad ese soleado dia escuche un sonido que estremecio mi alma, que hizo que me detuviera en seco, senti nervios... ese melodiosos sondio, el cantar de un violin a su maxima emocion.... corri sin saber por que solo corri hasta el teatro donde se escuchaba la dulce sonata, me quede ahi parada mirandolo.. el me miro con aquellos ojso marrones tan suyos... y entreabrio sus labios para decirme algo.. esos labios suyos... eesos labios que yo deseaba que fueran demi propiedad... que solo yo pudiera degustar.

-Julio-susurre sinsiento como me volvi a sonrojar, el solo sonrio-soy Stephany.

sábado, 9 de enero de 2010

Alicia en el Pais de las Pesadillas


Capitulo 1:
El País de las Pesadillas

         Mi nombre es Alicia, si como la de aquel cuento infantil tan famoso y de la película de Disney, pero a diferencia de ella yo no tengo pócimas que me ayudaran a sobre llevar mis problemas llámese mi adolescencia frustrada ni me despertare cuando todo se ponga espandotoso en la secundaria ¿Por qué? Porque a diferencia de ella no tengo suerte, no soy hermosa… es mas creo que mi anatomía no sabe lo que significa eso, ¿curvas? Que va si parezco una pelota gigante, de esas con las que se hace ejercicio, ¿ojos hermosos? Ja! Creo que ni me acuerdo de que color son con estas espantosas gafas que uso…. ¿hermoso cabello lacio como seda? Bah! Mi pelirroja cabellera mi madre insiste en que la lleve en dos largas trenzas…. Y en mis dientes se exhiben unos braquers. Así soy yo… soy Alicia, Alicia en el país de las pesadillas.

         -¡Alicia es hora de ir a la escuela!-escuchaba exclamar a mi madre desde la cocina.

         Cerré mi diario nuevo y lo guarde en mi gaveta para diarios, si como escucharon,  ahí guardo mas de ocho diarios y todos empiezan igual, suspire pesadamente mientras me dirigía a tomar una ducha antes de empezar otro espantoso día en mi país de pesadillas.

         -¡Sal de ahí mal formación anatómica!-gritaba fuera del baño mi hermano mayor.

         Salí envuelta en mi bata de baño… es una de esas que no quieres que nadie mas que tu familia vea, peor igual me encanta tiene pequeños cerditos voladores, es tan linda.. pero como siempre mi hermano me miro como diciendo ‘’ ¿Cuánto piensas madurar?’’ volví a suspirar y entre rápidamente a mi alcoba para ponerme el uniforme de la escuela.

         -¡Oh! Ya estas cambiada, ven déjame ayudarte con ese cabello tuyo-comento mi madre desde la puerta de mi habitación.

         Si… siempre entraba sin tocar y sin ser llamada, peor es mi madre hace eso porque me quiere ¿no?, ella cree de corazón que ese par de largas trenzas pelirrojas son para mi bien ¿no?

         -Ya estas lista-mi madre sonrió mirando mi reflejo en el espejo de mi tocador-te ves hermosa-me dio un beso en la mejilla mientras se dirigía a la puerta y salió de mi alcoba.

         Busque en mi reflejo como cada mañana ella… hermosura que mi madre veía. Bien tengo dos opiniones la respecto o mi madre esta ciega o simplemente me tiene lastima…

Oh te odia como todo el mundo susurro una pequeña basecilla dentro de mi.

         Baje la vista, y me levanté rápidamente, tome mi mochila y Salí rápidamente camino a la salida… no podía ver mi reflejo un segundo mas. Camine silencios ay solitariamente todo el trayecto a la escuela, si como ya suponen no tengo amigos, es mas creo que nada mas me dirigen la palabra para hacerme una mala broma. Me detuve enfrente del intimidante portal de la secundaria.

-Vamos Alicia…-me anime y traspase el portal cabizbaja.
…………………………………………………………….

-Muy bien, les entregare sus trabajos literarios-anuncio la profesora de cómo ya supondrán… literatura-He de decirles que me siento muy desilusionada de la mayoría de ustedes, no puedo creer las basuras que encontré. Se los digo desde ahora mas dela mitad de ustedes van a necesitar tutoria, pero ya eso lo arreglaremos el lunes-anuncio mientras todos comenzaban a quejarse, yo.. Bueno solo me escondí tras mi libro de literatura intentando simplemente no llamar la atención de nadie.

         Escuche como la profesora iba entregando los trabajos, algunos volvían con cara de desilusión y enfado, otros a punto de un infarto murando cosas ocho ‘’me quitaran el auto’’ ‘’no habrá mesada este año entero’’ y cosas como esas, di un pequeño saltito en mi asiento cuando la profesora dijo mi nombre.

-Alicia Fanini- repitió.

-Aquí estoy-me levante torpemente  casi tropezando lo cual provoco que todo el curso explotara en sonoras carcajadas.

-Felicidades Alicia, cada día te sobrepasas a ti misma en torpeza-me susurro burlonamente Tiana, sus compañeros a su alrededor rieron pro lo bajo y yo quería que la tierras me tragara y eso que apenas el día escolar estaba empezando.

-Felicidades Alicia, es  una de las  mejores poesías estudiantiles que he leído, por favor léela en voz alta para intentar culturizar un poco a tus compañeros.

         Sentí que la presión seme bajaba, si había algo a lo que le tenía pánico era a hablar enfrente del curso.. es mas enfrente de cualquier persona, intente excusarme con la maestra peor esta me hizo callar con un movimiento de una de sus manso y me indico con la mirada que leyera.. que simplemente no tenía otra opción. Mire a mis compañeros que me miraban con expresión de burla, tome aire y clave la vista en las hojas con intachable caligrafiad que tenía entre mis temblorosas manos.

-Voy callendo, callendo-leí casi me un susurro.

-Mas alto srta Fanini-ordeno la maestra mirándome con molestia.

         Tome aire y decidi pasar aquel horrorozo momento lo mas rápido posible.

-Voy callendo, callendo
Y siento que me pierdo
No se como, no comprendo

Extiendo mi mano solitaria
Al vacio, creo que gritaría
Pero tengo cosidos los labios

Risas, risas, cuantas risas
Que bailan entre las brisas
De este dia otro dia
Y creo que es peor de lo que creía
Sigo atrapada en mi cuento
Por que hay salida, no la encuentro
Soy Alicia la marioneta muda
Alicia la que no siente
Alicia… Alicia pobre Alicia

         El curso quedo en completo silencio peor gracias a dios sonó el timbre que indicaba que aquella tortura por le momento llegaba a un fin… Tome velozmente mi mochila pero como siempre no tenia suerte, y tropecé torpemente de nuevo… las escaleras estaban enfrente de mi y mi equilibrio era nulo…

Soy Alicia… Alicia en el país de las pesadillas…